¿En qué consiste la lactancia?
Es alimentación del bebé a base de leche, del tipo que sea. En nuestro medio, la lactancia practicada por las madres se divide en 2 grandes grupos: lactancia materna y lactancia artificial. La lactancia materna es, sin ninguna duda, el mejor y más completo alimento para un niño por debajo del año de vida. Es el único alimento que precisa un niño en los primeros meses, no siendo necesarias las infusiones de hierbas ("anises"), agua, etc. Sólo en situaciones excepcionales un lactante necesitará tomar agua además del pecho de su madre.
Condicionantes de la lactancia
Los condicionantes sociales de nuestro entorno, motivados por los cambios experimentados en nuestra sociedad en los últimos decenios, han posibilitado una serie de hechos que, en cierta manera, ayudan a entender ciertas situaciones que se viven en los primeros meses de vida de un hijo. Probablemente, los factores más importantes son:
- La incorporación de la mujer al mercado laboral.
- La cobertura laboral limitada que ofrece nuestra sociedad a las madres tras tener un hijo.
- El inicio del reparto de las labores del hogar y el cuidado de los hijos por parte de ambos padres.
- El progreso tecnológico y el desarrollo y perfeccionamiento experimentado por las nuevas leches adaptadas.
- La influencia que los medios de comunicación pueden tener en los hábitos ciudadanos.
Diferencias entre lactancia materna y lactancia artificial

- La lactancia materna facilita el contacto físico madre-hijo y una relación más estrecha entre ambos.
- La leche de la madre es el alimento ideal para conseguir una buena maduración cerebral.
- La lactancia materna protege al niño de la adquisición de infecciones, por medio de factores inmunológicos ("defensas") presentes en la leche de la madre. A pesar de los grandes progresos conseguidos en la elaboración de las diferentes leches artificiales, hay estudios que demuestran que los niños que han lactado al pecho al menos durante 3 meses tienen menos riesgo de sufrir gastroenteritis, infecciones respiratorias, otitis media e infecciones del tracto urinario.
- Los niños lactados al pecho realizan, en general, más deposiciones que los lactados al biberón.
- Lactar al biberón supone menos esfuerzo para el bebé. Es más costoso para el bebé vaciar un pecho que vaciar un biberón. El iniciar tempranamente una lactancia artificial dificulta el establecimiento de una correcta lactancia materna.
- Los niños alimentados al biberón ganan más peso y más rápidamente que los lactados al pecho, aunque, al final del desarrollo, el peso final de los niños no ofrecerá diferencias entre ambos grupos. El que un niño lactado al pecho engorde menos que uno lactado al biberón no tiene que hacernos suplementar la alimentación del niño lactado al pecho.
- No existen diferencias respecto a la talla entre los niños lactados al pecho y los que toman biberón.
¿En qué consiste la lactancia materna?

Es el método natural de alimentar a los niños. Sin duda, la leche materna es el alimento más completo para un recién nacido. A pesar de los progresos experimentados, ninguna leche artificial (ninguna fórmula adaptada) consigue un desarrollo del niño como el conseguido por medio de la lactancia materna.
La decisión de dar pecho al niño (la opción por la lactancia materna) ha de tomarse en el curso del embarazo. No debe influir en nuestra decisión el tamaño o forma de las mamas, ya que, salvo muy raras excepciones, siempre producirán leche suficiente para amamantar al bebé.
La lactancia materna ha de iniciarse lo antes posible y, en la primera semana de vida, reviste una serie de particularidades que son detalladas en la hoja de información correspondiente (ver la hoja de información a padres "lactancia materna la primera semana de vida")
La lactancia materna llevará a un mejor conocimiento mutuo de la madre y el hijo. De esta forma, ambos intentarán adaptarse al otro, de tal manera que, una vez pasadas las primeras semanas, se estabilice tanto la frecuencia de las tomas como la duración de las mismas.
La lactancia facilita además la relación madre-hijo en las primeras semanas de vida, ya que uno de los momentos de relación más intensa entre ambos será cuando lacte el niño.
Si la ganancia de peso es correcta y el aspecto del bebé es saludable, la leche materna puede ser el único alimento del bebé en los primeros 6 meses de vida. A partir de esa edad, introduciremos alimentos nuevos, de manera progresiva. La ganancia de peso puede ser también una forma útil para saber si la alimentación del bebé está siendo suficiente. Recurrir a otros métodos como la "doble-pesada" (pesar al bebé antes y después de una toma) no suele ser útil y, en mucha ocasiones, sólo sirve para incrementar la ansiedad de la madre.
Todos los hijos son diferentes, no sólo físicamente. El comportamiento de 2 hermanos puede ser diametralmente opuesto entre ambos. Estas diferencias también pueden observarse en la alimentación, de tal manera que hay niños que pueden vaciar un pecho y saciarse en 5-10´, mientras otro hermano puede ser más lento y perezoso al tomar. De esta forma, no siempre lo que hemos aprendido con un primer hijo puede ser válido para los siguientes.
Hay ciertas situaciones en las que la lactancia materna ha de ser evitada. Así, en el caso de que la madre pueda padecer alguna enfermedad es recomendable comentar con el médico la conveniencia o no de lactar el bebé al pecho bien por problema inherentes a la propia enfermedad padecida por la madre o por las medicaciones que toma la madre para controlar su enfermedad.
Producción de leche
El estímulo más importante para la producción de leche por parte de la madre es la succión vigorosa por parte de su hijo y el vaciamiento de las mamas.
Los primeros días la producción de leche por parte de la madre será más escasa y, además, la composición de la misma será diferente a la producida por la madre más adelante. En esos primeros días la leche de la madre es más rica en proteínas y minerales, siendo más pobre en grasas e hidratos de carbono. Es de un color más oscuro y recibe el nombre de calostro. En 3-4 días, aumentará la producción de leche y cambiará su composición.
La producción de leche por parte de la madre no es totalmente uniforme a lo largo del periodo de lactancia. Así, hay ocasiones en las que la madre puede notar menor ingurgitación mamaria. Estas fases suelen ser autolimitadas y se resuelven de manera espontánea con una buena succión y vaciamiento de las mamas por parte del bebé. En raras ocasiones, se puede recurrir a medicamentos que incrementen la producción de leche.
Cómo amamantar a un bebé

La alimentación al pecho debe llevarse a cabo en una situación cómoda y tranquila para la madre y su bebé. Dado que la lactancia al pecho es un acto que se repetirá con mucha frecuencia durante unos meses, es necesario que siempre se lleve a cabo en una situación de máxima comodidad, tanto para la madre como para el niño. La madre puede colocarse sentada, recostada o acostada con el bebé a su lado. El bebé por su lado deberá estar hambriento, seco y no estar ni demasiado frío ni demasiado arropado. En las fases iniciales de la vida de un bebé es el momento, junto con el baño, de relación más intensa materno-filial. Una buena relación inicial madre-hijo facilitará el que la lactancia sea un motivo de gozo y disfrute, y no de tensión, como, desgraciadamente, sucede en ocasiones, ocasiones en las que, muchas veces, se llega a abandonar la lactancia materna por el stress que la misma supone. En estas fases iniciales es importante el que un profesional (pediatra) asesore correctamente a la familia y, principalmente, a la madre. Es mejor consultar con el pediatra las múltiples dudas que puedan surgir.
La madre ofrecerá en primer lugar al niño el pecho por el que había el bebé terminado la toma anterior. El niño debe abarcar con su boca la areola mamaria, no siendo necesario que la madre utilice su mano libre para liberar la nariz del niño. Éste es capaz de respirar tranquilamente al tiempo que mama. El niño tomará de ese primer pecho hasta que él mismo suelte el pezón, no limitando la toma salvo si tarda mucho y está jugando con el pezón. A pesar de que clásicamente se ha recomendado limitar el tiempo de lactar de un pecho a un máximo de 10 minutos, esta recomendación no es correcta. No debemos limitar el tiempo que permanece un niño lactando de un pecho. La composición de la leche de la madre es diferente a lo largo de la toma. En la parte final de la misma, la leche es mucho más rica en grasas y el tomar esta última leche facilitará una sensación de saciedad por parte del bebé y también facilitará el espaciamiento de tomas. Si el bebé no suelta el pezón, nos ayudaremos de un dedo para facilitar el apartarle del mismo, no debiéndose retirar al niño tirando de él. Entre pecho y pecho, se puede aprovechar para facilitar el eructo del niño y, si es necesario, cambiar el pañal del bebé. Tras ese pequeño descanso, la madre ofrecerá al niño el segundo pecho, aunque, en ocasiones, el bebé quedará saciado sólo con un pecho. No debemos forzar al bebé a tomar el segundo pecho.